En octubre de 1946, el paisaje de Bariloche sumó una nueva historia que hoy cumple ocho décadas. El fundador de la farmacia De Miguel, un farmacéutico nacido en el pueblo pampeano de Rancul, llegaba al pie de la cordillera tras leer un aviso en el diario La Nación. No venía solo a buscar un negocio, sino un destino. Su padre le había construido una farmacia en la mejor esquina de su pueblo natal para que no se fuera, pero el llamado del sur fue más fuerte: “Vino acá y se enamoró de Bariloche”, recuerda hoy su hijo, Mariano.
Junto a su socio Jorge Gilmore, De Miguel padre compró la antigua Farmacia Molinelli a una viuda tucumana. Lo que empezó como un local de edificio antiguo con un pequeño salón de ventas y depósitos, se transformó con el tiempo en un símbolo del centro de la ciudad. De aquellos años quedan anécdotas que pintan a un Bariloche que era poco más que una aldea. Cuando le tocaba la semana de turno, el farmacéutico solía dejar un cartelito en la puerta: “Estoy en el cine”. El cine Coliseo estaba a apenas una cuadra y media; si alguien necesitaba un medicamento de urgencia, el acomodador buscaba al Sr. De Miguel entre las butacas para que fuera a abrir el local.
Mariano nació en 1950 y, tras formarse en la Universidad de Buenos Aires como su padre, regresó al sur en 1975 para integrarse al negocio familiar. Bajo su gestión, la farmacia no solo creció en infraestructura —construyendo un moderno edificio de seis pisos con consultorios médicos— sino que supo adaptarse a la evolución del consumidor. Entendió que la farmacia moderna debía ser un centro de bienestar integral, convirtiendo el local en un referente nacional de fragancias importadas y dermocosmética.
A pesar de la expansión hacia otros rubros comerciales, el espíritu de la familia permanece anclado en el mostrador. “El corazón siempre fue la base del negocio. La base de la farmacia”, afirma Mariano con la serenidad de quien ha dedicado su vida a la profesión. En sus estantes todavía conviven los productos más innovadores con el recuerdo de las fórmulas magistrales y la venta de productos de laboratorios históricos como Andrómaco, que los acompaña desde sus inicios.
Hoy, la posta ha pasado a la tercera generación. Su hija Flor es quien lidera actualmente la farmacia, manteniendo vivo ese "ADN emprendedor" que comenzó con un viaje en tren desde Constitución. Al mirar hacia atrás, tras 50 años de trabajo personal, Mariano se siente realizado: “Mi padre hizo mucho, hizo la base... y yo continué”. La historia de la farmacia De Miguel no es solo una crónica comercial; es el relato de una familia que supo echar raíces profundas en la nieve, transformando una vocación en un pilar esencial de la comunidad barilochense.