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El teléfono celular: protagonista de este siglo

El teléfono celular: protagonista de este siglo
Y si bien su invención es magnífica, ya que nos permite estar en asiduo contacto con el familiar que vive en el extranjero como si habitara en la misma ciudad, trasladarnos sin perder conexiones importantes y hasta resolver grandes y pequeños inconvenientes cotidianos, lo cierto es que también han surgido inesperados efectos colaterales.

Se presentó en sociedad hace unas pocas décadas y se volvió imprescindible. El teléfono móvil revolucionó nuestras costumbres y también trajo nuevos inconvenientes. Cómo aprender a lidiar con la tecnología y la vida fuera de la pantalla parece ser el gran interrogante del nuevo milenio.

"Veinte años no es nada", canta Carlos Gardel en el inolvidable tango Volver. Y si bien es cierto que el tiempo pasa volando, en estas dos últimas décadas la vida cotidiana ha cambiado de manera tan vertiginosa gracias a la tecnología, que aquel pasado reciente casi se percibe como una postal color sepia. Veinte años atrás, en La Argentina era extraño ver a una persona hablando por teléfono por la calle. En la actualidad, tanta es la gente que utiliza sus celulares mientras transita rumbo a su destino, que las ciudades de Rosario y Buenos Aires ya implementaron los primeros semáforos tecnológicos especialmente diseñados para peatones inmersos en sus smartphones.

Todo cambió. En los transportes públicos ya prácticamente no hay personas mirando el paisaje por la ventana o leyendo un libro, en los bares muchos comparten mesa pero no charlas cara a cara, por la vereda la gente camina con la cabeza gacha y la mirada concentrada en la pantallita que lleva en la mano. Ver qué pasa en el mundo, comunicarse con amigos, compañeros de trabajo, jefes y conocidos, darse a conocer, sociabilizar, la vida hoy parece pasar por esas cinco pulgadas. En la película italiana "Perfectos desconocidos", la anfitriona de la casa dice que los celulares son para nosotros como las cajas negras de los aviones: allí está guardada toda nuestra vida. En poco tiempo se han transformado en una extensión de nuestro cuerpo, nos resultan tan imprescindibles que salir de casa sin ellos es como salir desnudo.

Y si bien su invención es magnífica, ya que nos permite estar en asiduo contacto con el familiar que vive en el extranjero como si habitara en la misma ciudad, trasladarnos sin perder conexiones importantes y hasta resolver grandes y pequeños inconvenientes cotidianos, lo cierto es que también han surgido inesperados efectos colaterales.

DEL LADRILLO A LA PANTALLA TÁCTIL

Hoy nos resulta difícil pensar la vida sin un celular, sin embargo el uso del teléfono móvil a nivel masivo es un fenó- meno bastante reciente. El primer dispositivo pesaba 2 kg y fue presentado por Motorola en Estados Unidos en 1973. Diez años después, la misma compañía lanzó por primera vez al mercado el Dynatac 800x, un teléfono móvil que pesaba 800 gramos, medía 33 cm de largo y tenía una hora de autonomía. Era el famoso “ladrillo”. El primer celular plegable aparece en 1989; el Motorola Micro tac pesaba apenas 303 gramos. Mucho más pequeño y liviano, este aparato que podía trasladarse en un bolsillo conquistó al público. Durante la década de 1990, sus ventas crecieron de manera exponencial mientras se sucedían distintos modelos y se incluyeron los mensajes de texto. En 1999 Blackberry introduce en el aparato el e-mail y el calendario, entre otras cosas. Al año siguiente, Kyocera presenta el primer smartphone que permite el libre acceso a internet. En 2005 las suscripciones a teléfonos móviles llegaron a más de siete mil millones; ya había en el planeta más celulares que personas. En 2007 Apple da un salto cualitativo: presenta su IPhone, con pantalla táctil y tecnología multimedia, convirtiendo al smartphone en una mini computadora portátil. Al año siguiente, se lanza el HTC Dream, el primero con el sistema Android de Google. Juegos, noticias, cámaras, videos, redes sociales, paradójicamente, para lo que menos se usa hoy el celular es para hacer llamadas telefónicas.

ACCIDENTES EN AUMENTO

Como el aparato está siempre a mano, pareciera que responder de manera inmediata un llamado o un whatsapp se transformó prácticamente en una obligación. Todos, al menos una vez, hemos sentido la necesidad de que nos respondan YA un mensaje recién enviado aunque no sea urgente. Lo mismo sucede cuando se nos interpela: algo nos hace sentir que la otra persona necesita que contestemos ahora, como si no existiera la opción de comunicarse más tarde. Como consecuencia, la concentración tiene corto plazo y la ansiedad aumenta. Cuando este combo se junta al manejar, el corolario puede resultar fatal. “Los conductores que usan el teléfono móvil mientras conducen tienen cuatro veces más probabilidades de verse involucrados en un accidente que los conductores que no lo hacen. El uso del teléfono móvil durante la conducción reduce la velocidad de reacción (especialmente para frenar, pero también la reacción ante las señales de tránsito), y hace más difícil mantenerse en el carril correcto y guardar las distancias correctas”, advierte la OMS. Dicha organización alerta que leer o enviar mensajes de texto durante la conducción aumenta considerablemente el riesgo de accidente y que la modalidad “manos libres” no es mucho más segura que atender el teléfono de la forma usual. 

Según un estudio del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (Cesvi), el 90 por ciento de los automovilistas que usan el celular mientras conducen cometen errores. Se puede tardar
cinco segundos en ver quién llama o manda un whatsapp, o incluso elegir una canción: ese breve lapso de desatención al camino puede resultar mortal.

LA SALUD EN RIESGO

En 2011, la OMS y la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) advirtieron que los teléfonos celulares son potencialmente cancerígenos y están realizando un estudio más exhaustivo al respecto que esperan publicar a finales de este año.

Un dato que la toxicóloga y epidemióloga Devra Davis, directora fundadora de la Junta de Estudios Ambientales y Toxicología de los Estados Unidos –institución que recomendó la prohibición de fumar en los aviones-, y presidenta de la Fundación de Salud Ambiental del mismo país, lo viene advirtiendo en conferencias alrededor del mundo y en su libro “Desconectar. La verdad sobre la radiación de los teléfonos móviles”. Allí cuenta cómo afecta la radiación de microondas al cerebro y al cuerpo en desarrollo. “El celular es una radio de microondas de dos vías y nunca se ha probado su seguridad
con un uso a largo plazo. El cáncer cerebral abarca 200 tipos de enfermedades diferentes. Sabemos que lo causa la radiación ionizante, pero que se puede desarrollar entre 30 y 50 años después de haber estado expuesto a esa radiación. Cuando ponemos el celular sobre nuestra oreja, la antena es nuestra cabeza y la mitad de la radiación que emana el aparato entra al cerebro.

La cabeza de un niño es particularmente vulnerable porque su cráneo es más delgado y su cerebro contiene más fluidos que pueden absorber más radiación de microondas”, explica.

Además, advierte que, de acuerdo a varios estudios realizados en siete países diferentes, estas radiaciones bajan la calidad del esperma humano y que la exposición prenatal a los teléfonos
móviles puede causar en la descendencia daños en el cerebro, en el hígado y en las células de la piel. 

Así como el cáncer de piel, el de cerebro requiere tiempo para desarrollarse, mucho más tiempo que los 10 o 15 años que pasaron desde el boom del uso masivo del celular. Por lo tanto, la prevención es la clave: “Los celulares no se han testeado para que sean utilizados por niños, ni embarazadas, ni para llevarlos sobre el cuerpo. No hay pruebas de la absorción de la radiación; entonces (hasta tanto se puedan concluir estos estudios en profundidad) es importante que las personas sepan que tienen en sus manos un artefacto de radiación de microondas de doble vía y que deben mantenerlas alejadas de su cuerpo”, concluye.

PRECAUCIONES EN EL USO DEL CELULAR
  • Usar el celular para conversaciones cortas y preferentemente adonde haya buena señal. Si la charla se extiende, cambiar de oreja.
  • Utilizar el sistema manos libres, cuanto más lejos de la cabeza, mejor
  • Interactuar con más mensajes y menos llamadas disminuye el riesgo de exposición.
  • No guardarlos en bolsillos pegados al cuerpo.
  • Los niños deberían usarlo lo menos posible. Si lo utilizan para jugar, que el celular esté en “modo avión” para que la conexión inalámbrica esté desactivada.
  • Mantenerlo fuera de la habitación: Aunque sea mínima, los celulares emiten radiación electromagnética, por lo tanto es mejor tenerlos lejos mientras dormimos.
  • No atender ni realizar llamadas o mensajes mientras se conduce un auto. Ponerlo en silencio cuando se está al volante. La música se puede escuchar en el equipo o la radio del coche.

EN BUSCA DEL EQUILIBRIO

Cambios de humor, interacciones sociales más distantes, problemas cervicales, amplias probabilidades de contraer cáncer, pareciera que el celular se ha convertido en un aparato maldito. Lejos
de eso, el teléfono móvil ha mejorado, por ejemplo, nuestra habilidad para responder ante una emergencia, y es claro también que nos hace ganar tiempo valioso. También es cierto que
irrumpió en nuestras vidas de forma vertiginosa y masiva para responder a nuestras necesidades con inmediatez y así, de golpe, nos encontramos inmersos en un mundo que la mayoría de los
adultos manejamos a medias y que adolescentes y niños dominan a la perfección mientras pierden otras habilidades como concentración, habilidad motriz y social. Quizás sea tiempo de
detenerse, levantar la vista del dispositivo y preguntarnos con sinceridad: ¿cuántas veces hemos recurrido a él por aburrimiento,
ansiedad o ganas de escondernos? ¿Qué cosas podemos hacer y disfrutamos fuera de la tecnología? Tomar distancia, observar qué y cuánto estamos dejando de lado por estar inmersos en
ese aparatito y reaprender a concentrarnos, a interactuar cara a cara y a utilizar esta valiosa herramienta cuando realmente la necesitamos puede llevarnos al buen camino del equilibrio


Editorial Conexión; El teléfono celular: protagonista de este siglo Revista Conexión Andrómaco N°34; 8-11; (2017)

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