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Vacunas

Una responsabilidad individual para un beneficio colectivo

Una responsabilidad individual para un beneficio colectivo
Al inocularse un microorganismo debilitado o inactivo de una enfermedad, el cuerpo genera defensas y, por lo tanto, si llegara a entrar en contacto con dicho microorganismo, el propio físico de la persona vacunada se encargará de protegerlo.

Al vacunarse, una persona se protege a sí misma contra enfermedades terribles pero también cuida que los virus y las bacterias no se propaguen por su comunidad. Resulta fundamental tomar conciencia de que una población sana se construye con el compromiso de todos.

Dos fueron las grandes intervenciones que lograron disminuir la mortalidad en el mundo de forma considerable: el agua potable y las vacunas. Basta recordar unos terribles episodios de nuestra historia para plasmar la importancia de estas invenciones. La epidemia de fiebre amarilla, ocurrida en Buenos Aires en 1871 por la que se contabilizaron aproximadamente 14.000 muertes, se debió, sobre todo, a la falta de cloacas y agua potable; mientras que la de poliomielitis, que afectó a todo el país en 1956 y dio un saldo de 6.500 casos registrados -de los cuales 3.000 fallecieron y los restantes quedaron con secuelas motrices y respiratorias cró- nicas-, pudo frenarse gracias a la invención y la aplicación de la vacuna.

UNO PARA TODOS Y TODOS PARA UNO

Al inocularse un microorganismo debilitado o inactivo de una enfermedad, el cuerpo genera defensas y, por lo tanto, si llegara a entrar en contacto con dicho microorganismo, el propio físico de la persona vacunada se encargará de protegerlo. Esto, además de amparar a quien recibió la profilaxis, impide que la enfermedad se propague. “Las personas que están vacunadas no sólo se están protegiendo a sí mismas, si no que al bloquear la diseminación de la enfermedad dentro de la comunidad, están indirectamente protegiendo a otras personas que no lo están, crean una especie de escudo protector al que denominamos inmunidad colectiva”, explica la doctora Romina Libster, investigadora científica del CONICET y de la Fundación Infant. ¿A quié- nes se protege con la inmunidad colectiva? A los bebés que son demasiado pequeños para ser inoculados, a quienes tienen sus defensas bajas, a los que no pueden recibir la vacuna por ser alérgicos a determinados componentes de la medicación e incluso a quienes se vacunaron pero no lograron obtener las defensas esperadas, por ejemplo.

ANÁLISIS EN CONSENSO

El calendario oficial argentino cuenta con 19 vacunas, de las cuales 13 se han incorporado en los últimos años y la OMS lo ha catalogado como uno de los más completos del mundo. El procedimiento por el cual se decide que determinadas vacunas deben formar parte del calendario nacional requiere de un estudio arduo y minucioso. “Un organismo oficial que depende de la Dirección de Inmunizaciones prepara el material de interés y lo presenta ante la Comisión Nacional de Inmunizaciones (Conain) que está integrada por varias comunidades científicas reconocidas como la SAP (Sociedad Argentina de Pediatría), la SADI (Sociedad Argentina de Infectología) y la ANMAT, entre otras, y los responsables de inmunizaciones de todas las provincias. Este conjunto de especialistas forman un organismo asesor que estudia la propuesta, analiza la carga de enfermedad, en qué población se da, cuántas dosis se deben instrumentar y si es meritorio o no introducirla en el calendario. Cabe aclarar que además estas vacunas ya se conocen, fueron previamente aprobadas por la ANMAT y que la gran mayoría ya se han trabajado en el mercado privado y en diferentes países. De ahí pasa a una segunda instancia: su ejecución, que depende de la decisión del Ministerio de Economía de destinar recursos para ese fin”, detalla la infectóloga Charlotte Russ, miembro del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría.

UNO DE LOS CALENDARIOS MÁS COMPLETOS DEL MUNDO
Estas son las vacunas que se han incorporado al calendario oficial desde hace poco más de diez años:
  • Hepatitis A: única dosis a los 12 meses de vida.
  • Antigripal: para niños a partir de los 6 meses y hasta los dos años, embarazadas, adultos mayores a partir de los 65 años y personal sanitario. Las personas que sufren enfermedades crónicas la reciben con prescripción médica. Dosis anual.
  • VPH: niñas y niños de 11 años. Dos dosis, la segunda seis meses después de la primera.
  • Hepatitis B: tres dosis. A los bebés se les da al nacer, a los dos y a los seis meses de vida. Se puede aplicar a toda edad, se recomienda sobre todo a los adolescentes que no la hayan recibido.
  • Neumococo conjugada: para evitar neumonía, otitis, septicemia y meningitis. Primera dosis a los dos meses, segunda a los cuatro meses y refuerzo a los 12 años. Adultos mayores de 65 años.
  • Triple bacteriana DPT, dTpa (triple bacteriana acelular) DT (doble niños) dt (doble adultos): contra difteria, tétanos y tos convulsa. Las vacunas se combinan en diversas formas en una misma inyección. DPT: como refuerzo a los seis años, una dosis. dTpa: como refuerzo a los 11 años y durante el embarazo a partir de la semana 20 de gestación. DT: a los 16 años y luego un refuerzo cada diez años.
  • Rotavirus: dos dosis por boca a los tres y cuatro meses de vida.
  • Varicela: una dosis a los 15 meses de vida. Algunas marcas recomiendan un refuerzo a los 12 años en dos dosis separadas por un mes.
  • Meningococo: bebés a los 3; 5 y 15 meses de vida. Niños y niñas de 11 años.

UNA CUESTIÓN GLOBAL

Hoy estamos en 24 horas en cualquier continente. Un brote de sarampión entre enero y febrero de 2015 en Disneylandia produjo 121 casos en Estados Unidos, 21 en Brasil, cuatro en Canadá y uno en México. “Los virus y bacterias viajan con nosotros. Cuando hay tanta mezcla de poblaciones, si los lugares de origen no tienen buena inmunización, se genera un espacio donde el umbral de cobertura baja. Si alguien viaja y por algún motivo no se dio la vacuna y se contagia, cuando regrese a su país traerá consigo el virus, y si sus habitantes no están inmunizados en un 95 por ciento, surge un brote. Ahora mismo hay un alerta en Europa por brotes de sarampión en Europa. Rumania, Polonia, Italia y Francia son los países más afectados.”, describe Romina Libster.

VACUNA CONTRA EL VPH Los organismos oficiales aseguran que es segura y eficaz

De reciente inclusión en el calendario oficial, la vacuna contra el Virus de Papiloma Humano -más conocido como HPV por sus siglas en inglés-, ha generado controversias en diferentes países del mundo. Estas voces son tanto de ciudadanos que alegan que sus hijas han tenido efectos adversos graves -que van desde desmayos hasta parálisis luego de vacunarse-, y también de médicos que solicitan que se deje de aplicar para estudiar sus secuelas con más detenimiento. Sin embargo, en su último reporte, el Grupo Técnico Asesor en Seguridad en Vacunas (GACVS) de la OMS reafirma que las vacunas disponibles contra VPH son seguras. Según sus datos, en más de 200 millones de dosis aplicadas en el mundo, se han calculado reacciones adversas en 1 de cada 100 mil casos. Un informe de la Sociedad Argentina de Infectología y la Fundación Huésped revela que en nuestro país, con más de 2 millones de dosis aplicadas, la vigilancia de ESAVI (eventos supuestamente atribuibles a la vacunación e inmunización), cuenta con 208 ESAVI notificados, de los cuales el 96 % fueron leves y moderados (dolor en la zona de aplicación, eritema, baja de presión momentánea) y que fueron ocho los casos notificados como eventos graves (rash, síncopes vasovagales y broncoespasmo) con recuperación sin secuelas en todos los casos.

Un parte de la Sociedad Argentina de Pediatría, a través del Comité Nacional de Infectología, advierte que en nuestro territorio se diagnostican 5000 casos de cáncer de útero al año y 1800 mujeres mueren por esta causa. El VPH es la enfermedad de transmisión sexual más frecuente, por eso la estrategia principal para su prevención es la vacunación temprana, además de los controles ginecológicos periódicos como el papanicolau que permiten detectar lesiones cancerosas o precancerosas y tratarlas.

La vacuna, que se incorporó al Calendario Oficial en 2011 para niñas de 11 años y que desde este año incluye también a niños de la misma edad, “provee protección contra los tipo de HPV de alto riesgo oncogénico 16 y 18, responsables del 77 por ciento de los casos de cáncer de cuello uterino”, afirma el Ministerio de Salud de la Nación.

LAS CAMPAÑAS Y SUS DESAFÍOS

Con respecto a la vacunación, la Argentina cuenta con muy buena predisposición, sus habitantes la ven de manera positiva. “Cuando los padres vienen a la visita de control preguntan: ¿qué vacunas nos tocan? Para mí, como pediatra, es fundamental que vean la vacunación como un derecho”, cuenta la Doctora Libster. El gran tema es que esta conciencia de derecho solo la tenemos incorporada a la infancia, y las inoculaciones del calendario están destinadas a diferentes edades, que van de bebés a adultos. Si bien la campaña de concientización social ha sido y sigue siendo fuerte, todavía queda un largo camino por recorrer. Los chicos tienen visitas pautadas al pediatra y hace años que dicho profesional pide la libreta de vacunación en la visita de rutina. Pero los más grandes van muy poco al médico y ni siquiera recuerdan dónde está la dichosa libreta. “Este es un problema en el mundo entero. Además, los doctores tampoco tienen incorporada la vacunación en la consulta habitual. Piden los análisis, te toman la presión, pero son escasos los que hablan de vacunarse”, dice Libster. Concientizar a la comunidad, entrenar y brindar información a los profesionales y que el Estado ponga la logística y los recursos para que las vacunas lleguen a todas partes es el gran desafío. “Desde las comunidades científicas se trata de enseñarle a los pares que implementen las vacunas en las visitas de rutina y de entrenarlos para responder de forma clara todas las dudas que tengan los pacientes al respecto. Esto lleva tiempo y se va dando en forma progresiva”, explica la Doctora Russ.

Pero eso no es todo; el mayor reto al que debe enfrentarse un país para mantener a la población inmunizada es conseguir las dosis de medicación necesaria. “Los laboratorios a veces no producen la cantidad suficiente de vacunas para todo el mundo, entonces abastecen a sus clientes dilectos, o sea, los países desarrollados, por lo tanto en algunas ocasiones no hay profilaxis para todos”, cuenta la infectóloga Charlotte Russ. Y añade: “lo ideal es que los países produzcan sus vacunas. A partir de la epidemia de gripe H1N1 de 2009, la Argentina está elaborando su propia vacuna antigripal. No sé si producimos stock para autoabastecernos, pero estamos en esa dirección”


​Editorial Conexión; Año: 2012; Una responsabilidad individual para un beneficio colectivo Revista Conexión Andrómaco N°33, 8-11; (2017)

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