Reflexiones
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Cruce Columbia 2013

La proeza de cruzar los Andes

La proeza de cruzar los Andes
Virginia Galvez junto a Sofía Cantilo en el Cruce Columbia 2013

Disciplina, voluntad y determinación, tres claves fundamentales para enfrentar un gran desafío. Para llegar a punto a El Cruce Columbia 2013 se requiere un entrenamiento férreo y constante que pocos atletas pueden lograr y que Virginia Galvez, corredora de élite, conoce en detalle.

Entrenar para El Cruce

Como todos los días, Virginia Galvez corre. Es jueves por la mañana. Hace calor, enero es difícil en Buenos Aires. Ella da vueltas al lago de Palermo, sus dos hijos juegan en el parque. Se corren uno al otro, se sientan, buscan ramitas y piedras. Cada varios minutos, Virginia vuelve a pasar y sin bajar el ritmo les pregunta: “¿Todo bien?”. Ellos responden que sí con entusiasmo, la saludan y siguen con sus cosas. Están acostumbrados. Ya sea en Grand Bourg, donde viven, en Palermo o en cualquier otro lugar, mamá sigue con su rutina y ellos muchas veces la acompañan. Sobre todo en vacaciones. Virginia elonga, los chicos dan vueltas a su alrededor, Valentina le pide permiso para comer las galletitas del auto, Lautaro pregunta si cuando termine pueden ir a andar en las bicicletas acuáticas. Tranquila, sin dejar de ejercitarse, ella responde a todo y les aclara que después tiene que continuar en la pequeña barranca, que está unos metros más lejos, arriba, abajo y otra vez arriba.

Así se entrena para El Cruce Columbia 2013, la carrera de 100 km que consiste en cruzar los Andes en tres días, uniendo la Argentina y Chile, en la que Virginia participa junto con Sofía Cantilo, su compañera de equipo. “El entrenamiento fuerte es hasta dos semanas antes de la carrera. Esto se hace para que el cuerpo descanse, se ponga rápido y a punto para rendir al máximo el día de la competencia”, explica Virginia Galvez, profesora nacional de Educación Física y entrenadora de equipos seleccionados, sin jadear a pesar de haber dado ya dos vueltas al lago, solo para calentar, con la misma cadencia respiratoria de cualquier mortal que hubiera ido a atender la puerta.

Sana constancia

Todos los días, se levanta antes de las 7 de la mañana y refuerza su desayuno con hierro y un suplemento vitamínico para corredores. Se aplica protector solar, toma su cinturón de hidratación con dos botellitas de

EN PRÁCTICA Así como el actor necesita subir al escenario para foguearse, un corredor profesional precisa correr para comprobar que está yendo por buen camino. Estas fueron las carreras a las que se presentó Virginia Galvez en el año 2012 y antes de El Cruce:
Marzo: 27km Adventure Race, Tandil, Buenos Aires: Primer Puesto General Damas Equipo.
Abril: Paagonia Run 42k, San Martín de los Andes, Neuquén: Primer Puesto General Damas.
Julio: Salomon 21km, San Juan: Primer Puesto General Damas.
Agosto: Salomon 21k, La Cumbrecita, Córdoba: Tercer Puesto General Damas.
Septiembre: Salomon 21k, San Rafael, Mendoza: Segundo Puesto General Damas.
Octubre: Circuito Ultrasport, Yacanto, Córdoba: Primer Puesto General Damas.
Noviembre: k42 Adventure Salomon Series, Villa La Angostura, Neuquén: Sexto Puesto General Damas.
Enero 2013: Dos días de 21k cada uno, Cruce Tandilia, Tandil, Buenos Aires: Segundo Puesto General Equipo Mixto.

agua, una gorra, los anteojos de sol y está lista para salir a entrenar. En una semana promedio corre de 12 a 15 kilómetros todos los días y el doble los domingos.

Pero los entrenamientos no son lineales para evitar que el cuerpo se fatigue. “Por ejemplo, durante tres semanas vas subiendo. Si en la primera hiciste 110 kilómetros, en la siguiente hacés 125, y en la otra 145, y en la cuarta bajás a 100. Esa semana se suprimen las cuestas, el cuerpo se recupera y asimila todo lo que hiciste”, especifica Virginia.

Al terminar su rutina diaria, toma un vaso con agua y aminoá- cidos para recobrar energía y una bebida isotónica para recuperar sales. Descansa un poco y elonga. “Trato de comer alguna fruta, especialmente banana, por el potasio, o una barra de cereales, y me doy una ducha relajante. Después, me coloco un gel de limpieza y una crema hidratante con protección para la cara y otra para el cuerpo. Estos pasos son muy importantes porque correr al aire libre expone al polvo todo el tiempo”, cuenta. Para que el cuerpo responda, Virginia prepara un menú variado de comida sana y trata de dormir una siesta.  

Desventaja de planicie

La llanura pampeana puede ser muy beneficiosa para disfrutar de largas caminatas, pero es desfavorable para entrenarse en carreras de aventuras. En esta ciudad sin elevaciones, hay que ingeniárselas para hallar cuestas y así practicar. Atrás del Museo Sívori hay una pequeña barranca al costado del terraplén del ferrocarril. Allí hará Virginia su pasada de 25 minutos del día. “Pasada”, en la jerga del corredor, significa correr rápido. “Para un corredor de llanura, lo más difícil es manejar el aire en la montaña; cuando te falta, caminás rápido para recuperar; en cambio, el deportista de montaña está más acostumbrado y hace toda la subida corriendo”, se sincera. En estos casos, a las laderas las reemplaza el gimnasio. Sentadillas, estocadas o step sirven para fortalecer los músculos para trepar y ayudan a que la recuperación sea más sencilla. El gran problema es el oxígeno y aquí no queda más remedio que trabajarlo en una superficie plana. “Con las pasadas cortitas, trabajás el volumen de oxígeno máximo. En las largas se trabaja un 80 o un 85%; en las cortas, se hace un 90, 95% de esfuerzo. El pulso sube más porque se corre más rápido”.

Es hora de practicar en la barranca. Los chicos la siguen. Virginia sube y baja, pasa cerca de los árboles, esquiva raíces y se pierde detrás de una pequeña construcción para reaparecer sin dejar de subir y bajar entre los árboles. Cada tanto, Lautaro la acompaña. Valentina está concentradísima en un pichón que se cayó de su nido.

Training

Virginia ya terminó la etapa de cuestas. “Lo peor de El Cruce es entrenar para El Cruce”, afirma para asombro de cualquiera. “Acá en Buenos Aires tenemos 30 grados de calor y se sufre mucho. Con frío, rindo mejor”, dice con una sonrisa. Por eso, para esta disciplina, la protección solar es tan imprescindible como las zapatillas.

Durante todo 2012, entrenó a conciencia un poco sola, otro poco con los grupos que dirige y otro tanto con Marcelo Perotti, personal trainer y director de www.correrayuda.com. “Que me acompañe Dermaglós me ayuda muchísimo, me da soltura para entrenar mejor, pude ir a las carreras que son fundamentales para practicar y para ver los avances que estoy haciendo”. De hecho, gracias a este apoyo, Virginia pudo comprobar su rendimiento en ocho carreras en diferentes circuitos del país a lo largo del año pasado (ver recuadro), algo que de otro modo le hubiera resultado más que difícil.

PROEZA HEROICA

Virginia Galvez y Sofía Cantilo lograron una gran hazaña: conquistaron el tercer puesto en un tiempo total de 12 h 37 m. La performance fue doblemente meritoria, ya que, además de alcanzar el podio, ganaron la admiración de competidores y organizadores: son ni más ni menos que dos chicas venidas desde el llano para una competencia que congregó a más de 2500 atletas de 30 países, muchos de ellos expertos corredores de montaña.

Al cabo de tres días de fatigar sin descanso un circuito de agrestes caminos volcánicos y de enfrentar el cambiante clima de la Patagonia, arribaron a la meta con el sabor del sueño cumplido. Juntas debieron atravesar los arduos senderos cordilleranos, cubiertos alternativamente de ripio, pastizales, barro o nieve, trepando empinadas laderas, con muchísima concentración para evitar distracciones y accidentes, rodeadas como estaban de un paisaje majestuoso.

El Cruce Columbia es la mayor carrera de montaña de Sudamérica, y su duodécima edición recorrió los imponentes volcanes Villarrica, Quetrupillán y Lanín, uniendo la Argentina y Chile a través del paso Mamuil Malal. Fueron tres etapas. Y 100 kilómetros.

Después de un año de durísimo entrenamiento, Virginia y Sofía llegaron a la neuquina Junín de los Andes, el 5 de febrero, para la acreditación. De allí se trasladaron a Pucón, Chile, donde asistieron con el resto de los corredores a una charla técnica, previa a la tan ansiada señal de largada.

El 7, Virginia Galvez hizo lo que hace siempre. Corrió. En Grand Bourg, en Palermo o, como ese día, desde la base del volcán Villarrica, a 1400 metros sobre el nivel del mar. El sol la acompañó durante toda la jornada. El sol y un inesperado calor que llegó a los 33 grados de temperatura. En plena carrera, Sofía tuvo un imprevisto: se lesionó. Pero luego de ser atendida, ambas siguieron con el ímpetu de siempre dispuestas a dar revancha. Al cabo de 31,5 kilómetros, y habiendo superado un ascenso acumulado de 840 metros, Virginia y Sofía arribaron al primer campamento de montaña, a orillas del lago Pellaifas, en un promisorio tercer puesto, muy cerca del segundo equipo. Los resultados de esta primera etapa fueron: Nucleo Aventura/Projeto Mulher, 3:19; GR Team I, 3:32; y Dermaglós Team, 3:33. El festejo incluyó un buen chapuzón en el transparente lago Pellaifas.

Todavía faltaba mucho. En la segunda jornada de carrera, la etapa más larga del circuito, fue necesario transitar una zona completamente inaccesible para el turismo tradicional. Sin perder el ritmo, Virginia y Sofía recorrieron otros 42,4 kilómetros, ascendiendo hasta una altura de 1687 metros por los faldeos del volcán Quetrupillán, cuyo colosal cráter dormido alberga un milenario glaciar. Los corredores debieron enfrentarse a un paisaje árido, sin árboles, con una temperatura de 32 grados y un suelo que, salvo en un tramo con hielo, levantaba polvareda al paso. Con un tiempo de 5:49, aquí Galvez y Cantilo volvieron a arribar terceras.

En la llegada, las esperaban sus familiares, amigos y la emoción de todos los congregados. Fue una carrera inolvidable que no solo exigió hazañas físicas, constituyó también una gesta a nivel humano y espiritual, llena de adrenalina y emoción.
Con un gran objetivo cumplido, Virginia y Sofía festejan con entusiasmo una epopeya que recordarán toda la vida.

Extenuadas, pero rodeadas por el clima de camaradería que aportaban los miles de corredores llegados desde todos los confines del mundo, pasaron la noche antes de la última etapa en el campamento de Puesco, un pequeño pueblo cordillerano. Y a primera hora del día 9, se pusieron otra vez en marcha, para cruzar el paso Mamuil Malal hacia la base del volcán Lanín, ya en la Argentina, a 1200 metros sobre el nivel del mar, bordeando lagos cristalinos, atravesando torrentosos arroyos de montaña y pequeños senderos dentro de un bosque de coníferas. Fueron las primeras mujeres en cruzar la meta a las 3 h 15 m y festejar en un emotivo abrazo.


Editorial Conexión; La Proeza de Cruzar los Andes Revista Conexión Andrómaco N°22, 8-11; (2013)

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