Reflexiones
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MEDICINA Y TECNOLOGÍA

Juntas por el bien común

Juntas por el bien común
El primer científico que se planteó controlar la biodistribución de un fármaco fue el alemán Paul Erlich

Operar con robots, lograr que la medicación llegue al sitio exacto de un órgano sin dañar otras zonas, reproducir artificialmente partes del cuerpo humano, son algunos de los grandes avances que permiten al profesional de la salud atender a sus pacientes con mayor precisión y menos riesgos.

La medicina siempre fue una ciencia práctica ligada a técnicas, no sólo necesita comprender los males, sino identificarlos y curarlos. Y a medida que las técnicas avanzan, los médicos sacan mejor provecho de sofisticadas herramientas que les permiten optimizar su praxis. Es en virtud de esta retroalimentación constante entre medicina y tecnología que se descubren métodos diagnósticos y terapéuticos cada vez menos invasivos y más certeros.

YO, ROBOT

Si bien son los cuerpos los que se evalúan, de modo creciente los médicos observan a sus pacientes a través de la pantalla: los diagnósticos por imágenes son requeridos más asiduamente tanto por su exactitud como por llegar donde ni el ojo ni el tacto lo hacen.

Es según esta lógica de tratar de indagar en los espacios más recónditos del organismo, sin invadir, con el mínimo daño colateral, que la robótica hizo su ingreso al quirófano. Ejemplo del arribo de esa tecnología al país son las cirugías laparoscópicas que practica el robot Da Vinci. “Esta modalidad la usamos en cirugías muy complejas, como cáncer de próstata. Se puede aumentar hasta diez veces la visión en 3D, y al ver mejor, se evitan daños en estructuras nerviosas adyacentes”, cuenta el Dr. Wenceslao Villamil, jefe de la sección Cirugía Robótica del Servicio de Urología del Hospital Italiano. Para operar, el profesional se coloca en los dedos pulgar e índice de ambas manos unos anillos que son los que captan el movimiento humano para que el aparato lo replique. “Entre sus muchas ventajas, el robot elimina el temblor natural de la mano; todo el movimiento de la muñeca está en el extremo del instrumento y el cirujano determina cuánto quiere que la herramienta se mueva. Puedo determinar que si yo corro mi mano cinco centímetros, el robot se mueva uno”, explica Villamil. El resultado es óptimo: incisiones muy pequeñas, un posoperatorio menos doloroso y una recuperación más rápida.

EN EL BLANCO

Esta búsqueda de precisión terapéutica es también uno de los desvelos de la industria farmacéutica. El primer científico que se planteó controlar la biodistribución de un fármaco fue el alemán Paul Erlich, a principios del siglo XX. Quería desarrollar un medicamento efectivo contra la sífilis sin que afectara otros órganos sanos. Aunque no logró su objetivo, Erlich fue quien introdujo en el campo de la salud el concepto de “bala mágica”, es decir, el medicamento direccionado o drug delivery.

En la actualidad, la nanotecnología, con medicamentos que ya están en el mercado y otros muchos en etapa de investigación, lleva este afán de rigor terapéutico al nivel de átomos y moléculas, con la meta de reducir al mínimo posible, o mejor, eliminar todo efecto colateral, además de disminuir las dosis. Crear, en definitiva, medicamentos perfectos.

ESTUDIAR SOBRE PANTALLAS

En un lienzo enorme realizado por encargo en 1632, se ve al eminente Dr. Nicolaes Tulp explicando a sus colegas la musculatura del brazo. “La lección de anatomía” es quizás el cuadro más famoso de Rembrandt y probablemente la pintura más apreciada por los profesionales de la salud. Hoy, los instrumentos, la higiene y los procedimientos médicos han cambiado bastante. Si bien en la mayoría de las facultades del mundo se siguen diseccionando cuerpos sin vida, el avance de la tecnología ha logrado que los alumnos visualicen órganos, músculos, huesos y sus inserciones y recorridos a 360 grados desde sus casas, a través de la pantalla y con un increíble realismo. Varias universidades de diferentes países aplican novedosos métodos de enseñanza como el body painting sobre actores o body projection, en el que se proyectan músculos, órganos o lo que se quiera visualizar sobre un voluntario al que observan con detenimiento y sin bisturí. Y si se trata de prácticas quirúrgicas, ya hay en el mercado programas para realizar simuladas laparoscopías en realidad virtual que incluso sangran.

Como siempre, cada vez que se cambian, reemplazan o transforman métodos de cualquier tipo –ya sea de aprendizaje o de gestión de la disciplina que fuere– se generan debates y controversias. Los simuladores permiten desarrollar mayor destreza, pero los cuerpos sin vida son reales. La investigación “Anatomía Humana: estudio de las reacciones de los estudiantes de primero de Medicina ante la sala de disección”, publicada por la Universidad de Bellvitge, de Barcelona, concluye que “la sala de disección representa para esos estudiantes el primer encuentro relacionado con la muerte y ésta, a la vez, implica el desarrollo de mecanismos de adaptación en su futuro profesional”.

“Entre sus muchas ventajas, el robot elimina el temblor natural de la mano; todo el movimiento de la muñeca está en el extremo del instrumento y el cirujano determina cuánto quiere que la herramienta se mueva. Puedo determinar que si yo corro mi mano cinco centímetros, el robot se mueva uno”.

TAN LEJOS Y TAN CERCA

Una de las mayores preocupaciones del sistema sanitario son las urgencias, aquellas situaciones en que los primeros minutos son esenciales para salvar una vida. Y ahora que hay drones para vigilar, tomar fotografías o filmar recitales memorables, estos aparatos también se aprestan a sobrevolar el ámbito de la salud. El holandés Alec Momont fue el primero en idear un drone ambulancia, capaz de trasladar un desfibrilador en menos tiempo que un vehículo terrestre.

Inspirados en esa innovación, un equipo multidisciplinario argentino compuesto por ingenieros en sistemas y técnicos electrónicos, médicos especialistas en terapia intensiva, cardiología e informática médica, crearon un cuadricóptero preparado para intervenir en incendios, catástrofes o eventos multitudinarios.

Presentaron diversos prototipos de su modelo “Futura”: uno que permite transportar elementos básicos de primeros auxilios; otro pensado para incendios o situaciones de difícil acceso que cuenta con una cámara de reconocimiento para el conteo de gente; otro capaz de transportar un desfibrilador externo automático y una cámara multiespectral, que puede reconocer diferentes tipos de heridas y establecer prioridades en la atención médica.

HISTORIA CLÍNICA DIGITALIZADA
Desde mediados de los ‘90 se confeccionan historias clínicas digitalizadas en el ámbito de las empresas de salud privadas. En un principio, no eran válidas como documento, ya que existía un vacío legal al respecto y sólo accedían a ella los médicos del establecimiento donde se desarrollaban. A partir de 2001, con la Ley de Firma Digital, las historias clínicas en computadoras tuvieron carácter de documento y cada vez más instituciones optaron por abandonar los papeles. San Luis fue la provincia pionera en digitalizar por ley todas las historias clínicas, para que los habitantes pudieran dirigirse a cualquier centro asistencial público o privado y disponer allí de todos sus datos y antecedentes sanitarios. Un año después, en 2013, la Legislatura bonaerense dio curso al proyecto para implementar un archivo único para cada persona. En la Ciudad de Buenos Aires, la ley se aprobó en octubre del año pasado. En todos los casos, el objetivo es tener la información sanitaria unificada de cada paciente desde su nacimiento hasta la muerte, con carácter personal y confidencial.

LA VIDA IMPRESA

Uno de los grandes desafíos de la moderna tecnología aplicada a la medicina es la producción de órganos capaces de subsistir, adaptarse y cumplir sus funciones en pacientes que necesitan un trasplante. Hace poco más de un año, la revista Nature anunció que un equipo de científicos había logrado implantar en roedores estructuras de tejido vivo fabricadas con una impresora 3D. "Este es un avance importante en nuestro objetivo de fabricar tejido de repuesto para pacientes", explicó entonces Anthony Atala, el investigador peruano que dirige el Instituto de Medicina Regenerativa de Wake Forest, en Carolina del Norte (EE.UU.). Los expertos imprimieron estructuras cartilaginosas, óseas y musculares "estables", que implantaron en los animales y luego maduraron hasta convertirse en tejido funcional que desarrolló un sistema de vasos sanguíneos. El reto crucial de esta ingeniería de tejidos es lograr que las estructuras vivan el tiempo suficiente para integrarse al cuerpo. Aunque aún no están listas para ser implantadas en personas, los primeros resultados son optimistas, ya que, se informó, tienen “el tamaño, solidez y funcionalidad adecuadas para ser usadas en humanos”. Por lo pronto, el equipo de Atala también fabricó una oreja de tamaño apto para bebés capaz de sobrevivir y presentar signos de vascularización dos meses después de ser implantada.

Estos y otros avances demuestran que la tecnología sigue siendo, como lo fue siempre, una gran aliada de la medicina. Juntas avanzan en una búsqueda incesante, pero a pasos agigantados, en el perfeccionamiento de los tratamientos, en pos de evitar el dolor y mejorar la calidad de vida de los pacientes.


Editorial Conexión; Juntas por el bien común Revista Conexión Andrómaco N°32, 8-11; (2017)

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