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Laboratorios Andrómaco le dedica esta sección a los profesionales que se destacan por su aporte a la comunidad.

Dr. Alberto Woscoff
Una vida protegiendo la piel

Para el Dr. Alberto Woscoff, la dermatología es casi una obsesión. Desde muy joven sintió pasión por la piel y nunca dejó de estudiarla. Profesor Académico, Maestro de la Dermatología Ibero Latino Americana, Jefe de Servicio de varios hospitales, fue el iniciador de la Campaña Nacional de Prevención de Cáncer de Piel y trabajó junto a la Sociedad Argentina de Dermatología para que la iniciativa cumpla en 2014 más de veinte años de difusión.

alberto woscoff piel andromaco

Su motor es el hacer. A los ochenta y un años sigue pensando en trabajar, leer e investigar sobre la piel. Su motivación, un espíritu inquieto, una adicción al conocimiento, y una familia exigente.

El Dr. Alberto Woscoff descubrió  su vocación temprano. Salvo un período como periodista en el Diario Crítica mientras estudiaba medicina, su pasión fue siempre la piel.  Nunca dudó sobre su elección. Desde pequeño sintió una especial devoción por la dermatología, “tal vez influenciado por mis padres que eran farmacéuticos”, afirma. Se recibió a los 23 años y se jacta de haber sido el primer practicante en la especialidad en el Hospital Ramos Mejía.

“Tuve un maestro insigne, el Dr. Alejandro Cordero. Un profesional de esos que no se reproducen fácilmente.  Me formé con él. Estábamos en el Ramos Mejía  cuando el Dr. Cordero fue nombrado Jefe del Hospital Tornú. Me presenté a un concurso para cubrir una posición allí y lo gané. Así que seguimos trabajando por mucho tiempo. Años después, pasamos al Hospital de Clínicas en donde tuve la suerte de sucederlo como Jefe del Servicio y como Profesor titular”.  

El Dr. Woscoff tiene su consultorio repleto de diplomas colgados que ilustran una trayectoria larga y reconocida. Nombrado Maestro de la Dermatología Ibero Latino Americana, fue Presidente de la Sociedad Argentina de Dermatología, de la que hoy es Miembro Honorario Nacional, Jefe del Hospital Durán, Jefe del Hospital Naval, Jefe del Hospital de Clínicas entre varios otros cargos y menciones que lo ubican como uno de los mejores de su tiempo.

“Ya no se hace la dermatología dura. Ahora se hace más cosmética. El estudio y tratamiento de las enfermedades de la piel exigen mucho esfuerzo y dinero. Comprendo a los estudiantes de hoy,  de algo hay que vivir.  Personalmente, que no se estén especializando en eso me aflige. No quiere decir que no haya dermatólogos extraordinarios, pero los hay cada vez menos”, concluye con un tono amargo. “Me alegra encontrar médicos formados por mí. Y por suerte, los veo tanto en la capital como en el interior. Muchos de los que estuvieron conmigo, ahora son Jefes de Servicio”, sonríe.

“Yo obligaba al grupo del clínicas, todos los viernes a las 7.30 am, media hora de lectura sobre dermatología. Ellos creían que era una tortura. Leíamos revistas y de allí con la colaboración de los médicos Marcelo Alabe y Patricio Troielli un libro sobre inmunología. Fue el primero en español y se repartió gratuitamente en la Universidad“.

Semana del Lunar, veinte años de historia.
La historia comenzó en 1992 cuando el Doctor era Jefe del Servicio de Dermatología del Hospital De Clínicas. Cuenta que no existía una campaña sobre la concientización de los efectos de la radiación del sol y el chequeo de los lunares. “Cada vez más veíamos carcinomas vaso celulares, el tumor más frecuente de toda la medicina.  Yo notaba bastante desconocimiento por parte de los pacientes. Entonces me planteé por qué no invitar a la población en general a analizar sus nevos. Lo pude hacer gracias al apoyo de los ciento veinte médicos que tenía en el Servicio, un grupo extraordinario. Revisábamos a los pacientes y les indicábamos si era necesario seguir con los estudios. En eso salió una técnica que se realizaba a través de un aparato y que se llama epiluminiscencia. Esto nos permitió minimizar las biopsias ante las manchas sospechosas ya que el novedoso estudio medía factores que determinaban si era necesario o no avanzar con nuevos  procedimientos. El Profesor titular Cabo se pasaba todo el día mirando lunares. Se involucró tanto, que terminó escribiendo un libro sobre el tema”.

Luego de esa experiencia tan exitosa, quedó instalado el concepto. La Sociedad Argentina de Dermatología tomó la idea, que el Doctor cedió con todo gusto y le pidió que la coordinara.

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Dr. Luis María Baliña
El legado de un maestro

Un hombre íntegro que dirigió su vocación al servicio de los enfermos, especialmente a los enfermos de lepra.
A través de la investigación y la formación permanente buscó el mejor tratamiento para sus pacientes. Trabajó para derribar los prejuicios hacia las personas con esta patología. Gran maestro, supo promover las potencialidades de sus discípulos. Para rendirle homenaje a un mentor de la medicina argentina, conversamos con el Dr. Raúl Valdez, discípulo del Dr. Baliña.

El legado del maestro

Descendiente de gallegos, su abuelo paterno Manuel, llegó al país a los 16 años. Más tarde se casó con Ana Pucheu Etchart y tuvo varios hijos. Uno solo de ellos pudo estudiar, su padre, Pedro Luis, que se recibió de médico dermatólogo y se especializó en lepra, vocación que supo transmitir a su hijo, Luis María y a quien hoy rendimos homenaje.

Graduado con Diploma de Honor y Doctorado en Medicina por la Universidad de Buenos Aires, su tesis trató sobre la inmunología de la lepra. Su maestro fue el Dr. Guillermo Basombrío. Se desempeñó como Jefe de Trabajos Prácticos del Dr.Bernardo Alberto Houssay, Premio Nobel de Medicina, de quien aprendió a valorar el rol de las ciencias básicas en la formación médica.

A lo largo de su carrera, ocupó destacados cargos que siempre puso al servicio de sus enfermos. Presidió la Asociación Argentina de Dermatología, fue Jefe de los Consultorios Externos de Dermatología del Hospital Muñiz, Jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Argerich, Profesor a cargo de la Cátedra de Dermatología de la Universidad de Buenos Aires, Profesor y Decano de la Universidad del Salvador. Distinguido tres veces por la Academia Nacional de Medicina y nombrado por sus colegas Maestro de la Leprología Argentina, logró reconocimiento no solo entre la comunidad médica nacional, sino también en el ámbito internacional llegando a ocupar la vicepresidencia de la International Leprosy Association.

Falleció a los setenta y dos años en 1997, dejando un enorme legado no solo como médico, sino como persona. Esencialmente un maestro de vida, supo impartir sus conocimientos con generosidad desde la docencia, a través de la investigación y la práctica médica incansable. De su mano se crearon las primeras residencias médicas de Dermatología, y viendo una oportunidad para el interior del país, creó el Internado Rotatorio Rural en la Universidad del Salvador que se desarrolló como servicio, llevando médicos a pueblos con poco acceso a la salud.

Defensor acérrimo de la familia, promovió la modificación de la Ley de Lepra de 1929, llamada Ley Aberastury-Baliña en honor a su padre, que reemplazó la internación y el aislamiento obligatorio de los enfermos por el tratamiento ambulatorio obligatorio a cargo del Estado. De esta manera no sólo promovió la curación de los enfermos con evidencias científicas modernas sino que también defendió la integridad familiar de los enfermos.

En favor del tratamiento en un ámbito familiar
Los avances médicos que llegaban desde Estados Unidos a fines de la década del setenta, mostraban una nueva posibilidad para los enfermos. La aparición de los antibióticos que frenaban el contagio y curaban la patología llevó al Dr. Baliña a pensar en un paciente ambulatorio, con tratamiento y controles médicos financiados por el Estado.
La idea de evitar la separación de la familia debido a la internación obligatoria del enfermo de lepra lo impulsó a modificar la ley. Junto a un abogado amigo, trabajaron arduamente en las modificaciones necesarias y presentó el proyecto de la nueva ley en el Ministerio de Salud de la Nación.
El proceso le llevó un par de años, hasta que en 1983 logró la sanción de la nueva norma. "Si bien tuvo mucha resistencia por parte de sus colegas defensores del antiguo concepto de la reclusión y de los leprosarios, finalmente el tiempo le dio la razón. En la década del ochenta había aproximadamente 40.000 enfermos. Hoy, la lepra está prácticamente erradicada de la Argentina con solo 600 casos en 2012", sostiene el Dr. Raúl Valdez, Jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Austral y discípulo del Dr. Baliña.

Un defensor de la tarea de las enfermeras
Fuerte impulsor de la enfermería, afirmaba que debía ser una carrera estimulada y reconocida a la par del médico. Para él, los enfermeros tenían que realizar el pase de sala junto al doctor. Apoyaba sus iniciativas y estimulaba al conocimiento cuando mostraban inquietudes. Cuenta el Dr. Valdez, que una estudiante lo consultó acerca de la tesis que quería presentar para licenciarse. Había elegido escribir sobre los prejuicios de la lepra. Sus docentes desestimaron el tema y le aconsejaron cambiarlo por uno más apropiado para su profesión. Pero el Dr. Baliña la apoyó y no la dejó renunciar, logrando recibirse con el proyecto que se había propuesto.
Supo trasladar la admiración que sentía por la enfermería a su entorno. Tanto que su hija María Magdalena, siguió la carrera y se dedicó con entrega al trabajo.

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Dr. Rubén Omar Sosa
Un pediatra que eleva la solidaridad con barriletes

El Dr. Rubén Omar Sosa, médico pediatra y Jefe de Infectología del Hospital Pedro de Elizalde reúne, a través de barrileteadas, a miles de niños y adultos en campañas solidarias y de promoción de la salud.

Barrileteadas solidarias

Sitio: www.batoco.org/

Numerosas campañas, innumerables satisfacciones
Las campañas surgen con preguntas que generalmente comienzan de la misma manera... ¿"Cómo les explico a mis pacientes…?" y esos interrogantes van tomando forma, poco a poco, hasta concretarse en una convocatoria que agrupa año tras año a miles } de familias. Compromiso contra las drogas, el tabaco y el alcohol; donación de órganos;concientización contra el SIDA; capacidades diferentes; educación y la ecología fueron algunos de los temas desarrollados en las numerosas barrileteadas.

Proyecto Cruz del Sur
"¿Cómo le explico a los chicos que la distancia no es un impedimento para ayudar?", sostiene el Doctor. En 2007 emprendió el Proyecto Cruz del Sur por la educación, que tuvo como finalidad juntar libros para armar una biblioteca escolar en cada punto cardinal del país.La iniciativa le tomó cuatro barrileteadas en cuatro años. Logró juntar cien mil libros que llevó con la ayuda de muchos voluntarios a Misión La Paz, 2000 kilómetros al norte de la Ciudad de Buenos Aires, a Los Antiguos en Santa Cruz, 2000 kilómetros al sur; a Calingasta en San Juan al oeste y a Villa Paranacito, al este.

Campaña "Un abuelo, un padrino de vuelo"
"¿Cómo les hago entender a los chicos que hay personas mayores que están solas y que necesitan compañía?", se preguntó una tarde. Ese fue el disparador para la campaña que unió a 600 abuelos con miles de niños. Junto al grupo comunitario del PAMIy a la agrupación BATOCO armó talleres de barriletes en geriátricos, luego convocó a niños y familias. "Venite. Hay alguien que está construyendo un barrilete para vos" "¿Y cómo voy a saber cuál es el mío?, preguntaban los chicos, "porque estará escrito en el barrilete", aseguraba el Dr. Sosa.Los niños llegaban y buscaban en el aire su juguete remontado. Una vez que lo identificaban por su nombre, seguían el hilo que lo sostenía y encontraban finalmente a su padrino para iniciar una conversación.

Proyecto Laura: "Los árboles Urgente Reclaman Ayuda"
"Los niños crearon un bosque, de un día para otro, hicieron ecología con sus propias manos" y cada uno puso su nombre en un tutor de madera que el Dr. Sosa les había entregado en la consulta. Además, les daba una carta que incitaba a reflexionar sobre el hecho de perpetuarse a través de la plantación de un árbol y sobre la colaboración hacia su tierra. Esta campaña se repitió en la laguna Saladita Norte inaugurando el primer bosque solidario de la República Argentina.

Iniciativa "¿Qué entiendo por la donación de órganos?"
Lo hizo a través del juego, que es la herramienta de aprendizaje más efectiva. El Dr. Sosareservó una fecha en su calendario, avisó a sus pacientes y amigos que la cita estaba marcada y los convocó a ser parte. "Los invité a remontar un barrilete y les propuse que cuando yo tocara la bocina, el que quisiera, podía cortar el hilo de su cometa, para que el viento se lo llevara. Los barriletes llevaban escrito un mensaje que decía: Este es mi barrilete, yo lo dono al viento. Ahora si querés, usalo vos".

Ese día se creó el primer listado único de donación de células de la médula ósea. Las 85 primeras personas que se anotaron, lo hicieron luego de la barrileteada.
Entonces cita una frase que le escuchó decir a Eduardo Galeano: "Para qué me sirve la utopía, si yo camino un paso y se aleja un paso, camino dos y se aleja dos… Entonces, para qué me sirve si nunca llego, y me doy cuenta que voy caminando... para eso sirve, para ir caminando".Y es en este caminar que el Dr. Rubén Omar Sosa, médico desde la infancia, de familia austera, pero de naturaleza generosa, transita profesando su verdad.

Dr. Nestor Mario penedo
UN PROFESIONAL DEDICADO AL EJERCICIO DE LA MEDICINA HUMANIZADA

Finalizó el bachillerato a los 17 años y, aunque la pintura fue su primera pasión, su vocación fue la medicina. Obtuvo su título muy joven, a los 23 años, y se especializó en ginecología y obstetricia. Su formación la realizó en el Hospital Piñeiro en 1978 donde llegó a desempeñar el cargo de jefe de Guardia en el área de Maternidad.

nestor mario penedo

Su curiosidad y la búsqueda de mayor eficiencia lo estimularon para hacer cursos en medicina sanitaria, auditoría médica y una maestría en administración de Servicios de Salud, completando sus estudios en la especialidad de economía sanitaria.
La tesis para su maestría trató sobre discapacidad y rehabilitación. Concursó el cargo en el Ministro de Salud de la Nación para coordinar la Red de Políticas Públicas de Discapacidad en el Servicio Nacional de Rehabilitación. 
Esa tarea lo llevó a lugares inimaginables y le le permitió conocer diferentes realidades de la República Argentina, como las historias de Amaicha del Valle, en la provincia de Tucumán: “Había una comunidad indígena que nos cedía el terreno para la construcción de un Centro de Día para chicos con síndrome de Down. El cacique, que era abogado y representaba a la comunidad indígena en la ONU, en Suiza, una vez al año, nos entregó el espacio luego de  una celebración a la Pachamama. Fue muy emocionante ver a todos los chicos vestidos de blanco y cantando el Himno Nacional Argentino que hacía eco en la cordillera de Tafí del Valle. Estos chiquitos que vivían en la Puna, bajaban del cerro solos y atados a una mula hasta el Centro de Amaicha. Por la tarde, las maestras especiales los volvían a subir al animal y los ataban para que regresaran a sus casas sin caerse en el camino”.

Su ingreso al Hospital San Juan de Dios
¿Cuánto tiempo tengo para decidirme?, preguntó el Dr. Penedo. “48 horas”, respondió el Superior Provincial de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Con estas palabras lo convocaron en el año 2000 para asumir como director general del Hospital situado en Ramos Mejía. Cargo que aceptó inmediatamente y que ejerció varios años en forma paralela a la Red Nacional de Rehabilitación.

El mensaje: “Haga lo que sea necesario”
Con el aval de la Orden Hospitalaria, en 2005, luego de levantar las salas de cardiología, dos pisos de discapacidad y dos pisos más de internación quirúrgica, planificó la Maternidad y la Neonatología.
Para poder construir el departamento de Ginecología y Obstetricia y el área de Neonatología, el Dr. Penedo realizó un benchmarking por las principales maternidades privadas de Buenos Aires: el Sanatorio Mater Dei, el Hospital Austral y la Clínica Maternidad Suizo Argentina, entre otras. Luego de su investigación, proyectó un módulo novedoso que incluía todas las áreas relacionadas con el embarazo, el parto y el recién nacido en un solo piso.
“En el área de Maternidad logramos que la embarazada ingrese a través de la guardia obstétrica y cumpla todo el proceso necesario para permanecer con su bebé en el mismo centro”, relata el doctor. De tal modo, se construyeron tres salas de preparto que tienen comunicación directa con las salas de parto y los quirófanos. “Una vez finalizado el parto, la madre y el bebé son trasladados a la habitación para la internación conjunta o, si es necesario, el bebé va a la terapia neonatal”, concluye. La terapia neonatal está compuesta por la terapia intensiva, la intermedia y una terapia de aislamiento, una sala de recuperación nutricional para prematuros, y una sala de lactancia con bombas de extracción y heladeras de almacenamiento.
En el año 2008 concluyó su función en la dirección porque ya había completado el período correspondiente y se hizo cargo de la jefatura del Departamento Materno Infantil.

"¿Me da su mano, doctor?”
Durante su gestión como director, utilizaba cuatro mañanas de la semana para visitar a todos los pacientes internados en el Hospital. En esa recorrida matutina, aprovechaba para preguntarles cómo se sentían, si sus familiares los habían venido a visitar, si estaban cómodos y bien atendidos. Ese gesto por parte del director médico del Hospital era muy bien recibido por los internados y significaba una manera de acercarse a los enfermos poniendo en práctica una verdadera medicina humanizada.
Una vez, un paciente que había quedado con una discapacidad motora importante y que estaba internado hacía tres años le dijo: “Doctor, ¿me puede dar la mano? Porque me voy a morir y tengo mucho miedo”. El Dr. Penedo hizo lo que le pedía y  lo acompañó un rato hasta que el paciente falleció. “Fue muy impactante para mí. Pero me sentí bien, porque lo pude ayudar. Y eso lo recuerdo siempre”, afirma.

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Dr. Fernando Monckerberg
SU LUCHA CONTRA LA DESNUTRICIÓN

En una época en que la mortalidad infantil en Chile superaba el 70% y esto a nadie parecía llamarle la atención pues "siempre había sido así", el doctor Fernando Monckeberg se sintió llamado a cambiar esa injusta realidad. Durante treinta años luchó por mejorar la salud infantil de la población chilena, erradicando la desnutrición y cambiando el país.

nestor mario penedo

“No sé si se puede llamar vocación lo que me llevó a trabajar para erradicar la desnutrición”, dice el doctor Fernando Monckeberg al empezar la entrevista. “Más bien fue producto de la circunstancia. A medida que me han ido sucediendo las cosas, he ido investigando y eso me ha hecho comprometerme”, explica mientras se ríe al pensar en lo fortuito que fue su comienzo en el trabajo en pos de eliminar la desnutrición en Chile. Para él las circunstancias le hicieron estudiar medicina, y luego, ya como doctor, conocer niños con desnutrición, lo cual lo llevó a estudiar Pediatría. Fue persistente en no darse por satisfecho con las medidas para paliar la desnutrición y en buscar una solución.  “Yo lo llamaba un problema oculto. Nuestro gran problema para luchar contra la desnutrición fue hacer que la comunidad abordara un problema que no quería ver”, refiere este pediatra de la Universidad de Chile que, basado en su creencia de que la desnutrición era el centro de varios problemas de la sociedad chilena, se embarcó en un gran proyecto que implicaba no solo repartir “unos alimentitos”, sino hacer cambios significativos en la infraestructura del país, el sistema de salud y de educación. Para esto, él y su equipo se enfocaron en la prevención, creando proyectos de alcantarillado, agua potable, entrega de alimentos, control de niño sano, vacunaciones y atención primaria de salud. “Yo estimo que todo el progreso social y económico del país en los últimos 20 años se debió a que cambió el chileno”, señala Monckeberg, que a sus 86 años sigue siendo presidente de Conin, Corporación para la Nutrición Infantil que fundó en 1976. Este año recibió el Premio Nacional de Medicina, distinción que se suma a muchas otras que destacan tanto su excelencia profesional como sus virtudes personales.

¿Cómo llegó a trabajar para eliminar la desnutrición en Chile?
Recién recibido de médico un compañero me llevó a conocer la población La Legua, donde no había agua potable ni caminos y las viviendas eran de material ligero. Vivía ahí el cura Maroto, que me pidió que atendiera a los niños, que se enfermaban y morían sin atención médica. Estuve ahí dos años en los cuales me cuestioné todo lo que estaba viendo, porque si algo me caracteriza es no conformarme con las cosas como están. La situación era muy anormal, me parecía una situación subhumana muy distinta de donde yo me había criado, por lo que quise cuantificar esa realidad. Comencé a hacer mi primer trabajo de investigación. Decidí contar el número de palabras que la madre usaba a diario, pensando que el lenguaje crea cultura. El resultado fue muy demostrativo: la madre utilizaba un promedio de 180 palabras, una cantidad muy limitada que indicaba que vivían un mundo del momento, sin pensar en el futuro y sin expectativas.

¿Cómo llegó a relacionar este problema con la nutrición?
Me pregunté: “¿De dónde arranca esto?”. Entonces comencé a estudiar a los niños. Ahí me di cuenta de que el retraso no era solamente intelectual sino también físico. A temprana edad los niños ya se quedaban atrás en su desarrollo físico, motor y de pensamiento. Y esta brecha se iba agrandando a medida que pasaban los años. Ahí lo comencé a relacionar con la nutrición. Hasta ese momento jamás se había hablado de desnutrición en Chile, solo se hablaba del hambre, que es un concepto erróneo. Determiné que había una subalimentación crónica en forma mantenida en cuanto a cantidad y calidad de los alimentos, que no eran los necesarios para desarrollarse de acuerdo con la fisiología de cada uno. El problema era mucho más serio de lo que yo podía solucionar, por lo que quería entenderlo mejor y saber qué factores estaban ocasionándolo. Ahí emprendí una investigación en el hospital pediátrico Manuel Arriarán, y luego constituí un grupo multidisciplinario de investigadores, el INTA (Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos). Al profundizar en la investigación nos dimos cuenta de que el problema no era solo del que sufría la desnutrición sino que era de la sociedad entera, porque un porcentaje muy alto de la población estaba sometida a un alto riesgo de mortalidad temprana y los que no fallecían eran verdaderos sobrevivientes lesionados. Además de ser una gran injusticia, la sociedad no podía avanzar y eso era, a mi modo de ver, la principal causa del subdesarrollo. Entonces llegamos a la etapa siguiente. Nos preguntamos, “¿es esto prevenible?”.

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